
España es campeona de Europa. Otra vez: como en 2009. Vino a por Lituania 2011 y a por Londres 2012 y se lleva el botín completo tras un saqueo metódico en el que ha ido de menos a más, ha laminado a los rivales complicados en los partidos señalados y ha encontrado sensaciones y picos de forma, de melodía en melodía hasta la sinfonía integral de la gran final. Y ademá ante Francia, para los amantes de las moralejas y los finales felices.
España es campeona de Europa y conviene respirar y repetirlo en voz alta. Conviene valorarlo porque de lo contrario nos ahogaremos en el océano del éxito. En el deporte, un mundo de quimeras y trampas para osos, es muy difícil imponer la lógica, ser el mejor y demostrarlo, cumplir con las expectativas. Es difícil llegar y aún más difícil repetir y mantenerse. Es muy difícil ganar por suma de calidad pero también por acumulación de sudor. Por galones y por equipo, por ataque y por defensa. Por tierra, mar y aire.
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